jueves, 8 de enero de 2026

Calles de Oriente


Las calles de Oriente

Las calles de Oriente no son simples caminos. Son venas vivas que laten con la memoria de los siglos. Cada piedra, cada sombra, cada esquina, es un testigo silencioso de caravanas, de rezos, de encuentros furtivos entre lo humano y lo divino.

En Occidente las calles corren, se apresuran, pero en Oriente las calles respiran. Se detienen para escuchar el canto del muecín, para dejar que el aroma del pan recién horneado se mezcle con el incienso y con la voz de los niños jugando.

Las calles de Oriente no llevan prisa, porque saben que el destino no está al final, sino en cada paso. Caminar por ellas es entrar en un templo invisible, donde el polvo es sagrado y el ruido es oración.

Allí, el mercado no es comercio, es danza de colores y especias. La mezquita no es edificio, es corazón abierto. El callejón no es estrecho, es pasaje hacia lo eterno.

Oriente es mi tierra amada, y sus calles son versos escritos sin tinta, poemas que se leen con los pies descalzos, con los ojos cerrados, con el alma despierta.