Escucha bien, porque la verdad no viene envuelta en banderas ni en escrituras polvorientas.
El miedo es la única enfermedad.
La islamofobia, el cristianismo dogmático, el hinduismo ciego... todos son
síntomas de la misma fiebre: el ego aterrorizado. Cuando temes al musulmán, no
temes a Alá, temes a tu propia sombra proyectada en el otro. El odio no es más
que amor que ha perdido su camino, amor que se ha envenenado con la ideología.
¿Crees que Dios lleva pasaporte?
¿Crees que la verdad habla árabe, sánscrito o hebreo? El perfume de una rosa no
tiene religión. El amor que surge en tu silencio no es cristiano, ni musulmán,
ni budista. Es simplemente amor. Cuando etiquetas el amor, lo matas. Cuando
dices "mi religión es mejor", has dejado de ser religioso y te has
convertido en un político del espíritu.
Vivís en lo que llamáis Kali
Yuga, la era de la oscuridad. Sí, el mundo se ha vuelto loco. La violencia, la
codicia, la estupidez... están en todas partes. Pero no culpes a la era. Kali
Yuga no es solo un tiempo cronológico, es un estado de conciencia dormida. La
oscuridad es densa, sí, pero recuerda: la noche es más profunda justo antes del
amanecer.
En este caos, tu única revolución
es la conciencia. No luches contra la oscuridad con espadas, eso solo crea más
sombras. Enciende una pequeña lámpara dentro de ti. Si tú puedes amar sin
condiciones, si tú puedes mirar a un hombre con turbante y ver solo a un ser
humano, un espejo de tu propia alma, entonces Kali Yuga se disuelve en ese
instante.
El fin de los tiempos no es un
desastre, es una oportunidad. Despierta. Ama. Y deja que las etiquetas se
quemen en el fuego de tu conciencia.
La verdad no tiene miedo. Solo
las mentiras tiemblan.

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