jueves, 5 de marzo de 2026

La raíz del conflicto: Un espejo roto


La raíz del conflicto: Un espejo roto

Si podemos, entremos juntos en esta cuestión, no como teóricos, no como políticos, ni como idealistas que buscan un futuro mejor, sino como seres humanos que viven, sufren y mueren aquí y ahora. Porque el problema no está allá, en los campos de batalla lejanos donde la tierra se bebe la sangre. El problema está aquí, en la estructura de nuestra propia conciencia.

Miren la guerra. No la miren como un evento histórico, ni como un accidente geopolítico. La guerra es la expresión espectacular y violenta de nuestra vida cotidiana. Es el comercio, la competencia, la ambición, el deseo de poder y la agresión verbal que practicamos en nuestras oficinas, en nuestros hogares y en nuestras relaciones, proyectados a una escala colossal. Mientras el ser humano esté dividido internamente, habrá división externamente. Mientras haya un "mío" y un "tuyo", una "nación" y una "nación rival", un "dios" y un "dios enemigo", la violencia es inevitable. No es una predicción pesimista; es un hecho observable.

¿Y qué alimenta esto? La ignorancia. Pero no hablo de la falta de información, de no saber leer o de no conocer la ciencia. Hablo de una ignorancia mucho más profunda, más sutil. Es la ignorancia de no conocerse a uno mismo. Ustedes pueden acumular todo el conocimiento del mundo, pueden ser los científicos más brillantes, los líderes más carismáticos, pero si no comprenden el movimiento del pensamiento, si no ven cómo el miedo moldea sus decisiones, están en la oscuridad. Y desde esa oscuridad, no pueden traer luz. Al contrario, desde esa oscuridad, encienden hogueras que queman al mundo.

El hombre ignorante de sí mismo busca seguridad. Y como no la encuentra en la realidad, que es fluida, incierta y viviente, la busca en lo estático. Crea ideologías. Crea banderas. Crea dogmas. Aquí surge el fanatismo.

Observen el fanatismo con cuidado. No lo condenen ni lo justifiquen; simplemente obsérvenlo. El fanatismo es el refugio del ego asustado. Cuando la vida se vuelve demasiado compleja, demasiado exigente, el ser humano se refugia en una idea. Se dice: "Soy de este partido", "Soy de esta religión", "Soy de esta raza". Y en ese momento, deja de ser un ser humano vivo para convertirse en un símbolo, en una etiqueta. Y matar por una etiqueta parece noble, parece justo. Pero, ¿pueden matar por la vida? ¿Pueden destruir a un hombre que sonríe, que tiene hijos, que teme a la muerte, simplemente porque su idea de lo divino es diferente a la suya?

El fanatismo es la muerte de la inteligencia. Porque la inteligencia requiere flexibilidad, requiere duda, requiere la capacidad de mirar lo desconocido sin el peso de lo conocido. El fanático no mira; el fanático proyecta. No ve al otro ser humano; ve a un enemigo, ve a una abstracción. Y es muy fácil matar una abstracción. Es muy fácil bombardear una idea. Pero cuando bombardean la idea, bombardean carne, bombardean corazón, bombardean la tierra misma.

Entonces, nos preguntamos: ¿Hay salida?

No busquen una salida en un sistema nuevo. No la busquen en un líder nuevo. Cualquier sistema creado por una mente condicionada llevará la semilla de su propia destrucción. Cualquier líder que prometa paz a través de la fuerza o de la organización está mintiendo, porque la paz no es el final de la guerra. La paz no es un tratado firmado entre dos periodos de violencia. La paz es un estado de la mente que no conoce la división.

Esto requiere una transformación radical, no gradual. No pueden decir: "Me transformaré poco a poco". El tiempo es el enemigo. Mientras dicen "poco a poco", siguen cultivando el odio, siguen alimentando la separación. La transformación es inmediata, o no es. Ocurre cuando ven la verdad del peligro. Si ven una cobra venenosa, no dicen: "Poco a poco me alejaré de ella". Saltan. Ese salto es la inteligencia.

Deben ver que el observador es lo observado. Ustedes no son diferentes de la guerra. La ira que sienten cuando alguien los insulta es la misma energía que dispara el misil. La codicia que acumula riqueza sin importar el sufrimiento ajeno es la misma que saquea naciones. Mientras haya un centro en ustedes que dice "yo", "mi seguridad", "mi creencia", habrá conflicto.

¿Es posible vivir sin este centro? No como una teoría, no como un ejercicio espiritual. Sino viendo la falsedad de la identificación. Cuando ven que la bandera es solo un trozo de tela, que el dogma es solo un conjunto de palabras, que la nación es una línea imaginaria en un mapa, entonces la energía que gastaban en defender esas ilusiones se libera. Y en esa liberación, hay amor. Y el amor no es sentimentalismo. El amor es la ausencia total del yo.

Donde hay amor, no hay guerra. Donde hay amor, no hay fanatismo, porque el amor no se adhiere a nada. Es libre. Y solo una mente libre, una mente que ha muerto a lo conocido, a lo ayer, a sus heridas y a sus glorias, puede crear un mundo nuevo.

No esperen. No hay nadie que vaya a salvarlos. No hay salvador, ni gurú, ni gobierno. Ustedes son el mundo. Y si cambian, el mundo cambia. Si hay silencio en ustedes, hay silencio en el mundo. Si hay caos en ustedes, el mundo arderá.

La elección, si se puede llamar así, es suya. No mañana. Ahora.


 

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