La raíz del conflicto: Un espejo
roto
Si podemos, entremos juntos en
esta cuestión, no como teóricos, no como políticos, ni como idealistas que
buscan un futuro mejor, sino como seres humanos que viven, sufren y mueren aquí
y ahora. Porque el problema no está allá, en los campos de batalla lejanos
donde la tierra se bebe la sangre. El problema está aquí, en la estructura de
nuestra propia conciencia.
Miren la guerra. No la miren como
un evento histórico, ni como un accidente geopolítico. La guerra es la
expresión espectacular y violenta de nuestra vida cotidiana. Es el comercio, la
competencia, la ambición, el deseo de poder y la agresión verbal que practicamos
en nuestras oficinas, en nuestros hogares y en nuestras relaciones, proyectados
a una escala colossal. Mientras el ser humano esté dividido internamente, habrá
división externamente. Mientras haya un "mío" y un "tuyo",
una "nación" y una "nación rival", un "dios" y un
"dios enemigo", la violencia es inevitable. No es una predicción
pesimista; es un hecho observable.
¿Y qué alimenta esto? La
ignorancia. Pero no hablo de la falta de información, de no saber leer o de no
conocer la ciencia. Hablo de una ignorancia mucho más profunda, más sutil. Es
la ignorancia de no conocerse a uno mismo. Ustedes pueden acumular todo el
conocimiento del mundo, pueden ser los científicos más brillantes, los líderes
más carismáticos, pero si no comprenden el movimiento del pensamiento, si no
ven cómo el miedo moldea sus decisiones, están en la oscuridad. Y desde esa
oscuridad, no pueden traer luz. Al contrario, desde esa oscuridad, encienden
hogueras que queman al mundo.
El hombre ignorante de sí mismo
busca seguridad. Y como no la encuentra en la realidad, que es fluida, incierta
y viviente, la busca en lo estático. Crea ideologías. Crea banderas. Crea
dogmas. Aquí surge el fanatismo.
Observen el fanatismo con
cuidado. No lo condenen ni lo justifiquen; simplemente obsérvenlo. El fanatismo
es el refugio del ego asustado. Cuando la vida se vuelve demasiado compleja,
demasiado exigente, el ser humano se refugia en una idea. Se dice: "Soy de
este partido", "Soy de esta religión", "Soy de esta
raza". Y en ese momento, deja de ser un ser humano vivo para convertirse
en un símbolo, en una etiqueta. Y matar por una etiqueta parece noble, parece
justo. Pero, ¿pueden matar por la vida? ¿Pueden destruir a un hombre que
sonríe, que tiene hijos, que teme a la muerte, simplemente porque su idea de lo
divino es diferente a la suya?
El fanatismo es la muerte de la
inteligencia. Porque la inteligencia requiere flexibilidad, requiere duda,
requiere la capacidad de mirar lo desconocido sin el peso de lo conocido. El
fanático no mira; el fanático proyecta. No ve al otro ser humano; ve a un
enemigo, ve a una abstracción. Y es muy fácil matar una abstracción. Es muy
fácil bombardear una idea. Pero cuando bombardean la idea, bombardean carne,
bombardean corazón, bombardean la tierra misma.
Entonces, nos preguntamos: ¿Hay
salida?
No busquen una salida en un
sistema nuevo. No la busquen en un líder nuevo. Cualquier sistema creado por
una mente condicionada llevará la semilla de su propia destrucción. Cualquier
líder que prometa paz a través de la fuerza o de la organización está mintiendo,
porque la paz no es el final de la guerra. La paz no es un tratado firmado
entre dos periodos de violencia. La paz es un estado de la mente que no conoce
la división.
Esto requiere una transformación
radical, no gradual. No pueden decir: "Me transformaré poco a poco".
El tiempo es el enemigo. Mientras dicen "poco a poco", siguen
cultivando el odio, siguen alimentando la separación. La transformación es
inmediata, o no es. Ocurre cuando ven la verdad del peligro. Si ven una cobra
venenosa, no dicen: "Poco a poco me alejaré de ella". Saltan. Ese
salto es la inteligencia.
Deben ver que el observador es lo
observado. Ustedes no son diferentes de la guerra. La ira que sienten cuando
alguien los insulta es la misma energía que dispara el misil. La codicia que
acumula riqueza sin importar el sufrimiento ajeno es la misma que saquea
naciones. Mientras haya un centro en ustedes que dice "yo", "mi
seguridad", "mi creencia", habrá conflicto.
¿Es posible vivir sin este
centro? No como una teoría, no como un ejercicio espiritual. Sino viendo la
falsedad de la identificación. Cuando ven que la bandera es solo un trozo de
tela, que el dogma es solo un conjunto de palabras, que la nación es una línea
imaginaria en un mapa, entonces la energía que gastaban en defender esas
ilusiones se libera. Y en esa liberación, hay amor. Y el amor no es
sentimentalismo. El amor es la ausencia total del yo.
Donde hay amor, no hay guerra.
Donde hay amor, no hay fanatismo, porque el amor no se adhiere a nada. Es
libre. Y solo una mente libre, una mente que ha muerto a lo conocido, a lo
ayer, a sus heridas y a sus glorias, puede crear un mundo nuevo.
No esperen. No hay nadie que vaya
a salvarlos. No hay salvador, ni gurú, ni gobierno. Ustedes son el mundo. Y si
cambian, el mundo cambia. Si hay silencio en ustedes, hay silencio en el mundo.
Si hay caos en ustedes, el mundo arderá.
La elección, si se puede llamar
así, es suya. No mañana. Ahora.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muy bienvenida sea su opinión...